Alan, el Campeón — Capítulo 17 — La Pantera Suelta
Kim pone las cuatro en el suelo. Lo que Alan contenía desde hacía años se suelta.
Antes de ser Rey, fue carne de cañón, preso y asesino. A los trece, mandaba en adultos.
Kim cayó en cuatro patas. Manos y pies en el piso, como un animal.
No era el estilo salvaje del principio, de dos años antes, que era solo instinto sin a dónde ir. Este cargaba los dos años de pelea encima. Era salvaje con técnica. Salvaje entrenado.
Se me vino encima como loco.
Me mordió la pierna. Como un animal, los dientes cerrándose en la pantorrilla. Lo pateé lejos y ya estaba rodando por el piso, volviendo, viniendo por otro lado. Atacaba, huía, rodaba. Cada golpe que yo le conectaba — y se los conectaba — no hacía ninguna diferencia. Rodaba, aguantaba, se levantaba, volvía. Todo rapidísimo.
Me fue rasgando la camiseta en tiras. Logró trepar. Se me pegó a la espalda como un mono y me clavó los dientes en el cuello mientras me golpeaba el pecho y la cara con las dos manos al mismo tiempo.
El mocoso estaba fuera de sí.
Lo jalé del pelo y lo azoté contra el piso con fuerza. Volvió. Le pegué. Volvió. Le pegué hasta que se me cansó el brazo, y nada le hacía efecto — estaba anestesiado por su propia locura, en un lugar adonde el dolor no llega.
Ahí dio un salto de frente. Cabezazo de lleno en mi frente, agarrándose de mi camiseta para no caerse.
Cuando vino otra vez, pensé que era otro cabezazo. Me preparé para aguantarlo.
Giró la cabeza de lado y me mordió la oreja.