Yo Soy Nina — Capítulo 4 — El Escudo
La escuela pública no perdona. Nina aprende a blindarse.
Nina fue rica, luego pobre a propósito, luego rica otra vez. Y ninguno de los chicos lo sabe.
La escuela pública no perdonó.
Llegué ahí con un año de atraso — atraso de comportamiento, no de materias. Todavía hablaba como quien manda. Todavía esperaba que me trajeran las cosas. Todavía tenía esa cara de quien cree que está de paso por un lugar feo.
Los otros niños lo olieron en la primera semana.
No me pegaron de entrada. Primero fue el apodo. Después fue quitarme mis cosas y devolverlas rotas. Después fueron empujones en el pasillo, la mochila en el piso, el almuerzo en la basura. Yo no sabía responder a nada de eso, y llorar solo lo empeoraba.
Era la niña rica que se había vuelto pobre y todavía no se había dado cuenta.
Un día, volviendo a casa, pasamos en el coche frente a un gimnasio.
Había gente entrenando en la acera. Patadas, rodillazos, codazos. Movimientos secos, repetidos, sin nada de rabia — pura técnica.
— Papá. Quiero aprender eso.
Me miró por el retrovisor.
— ¿Por qué?
— Porque en la escuela me pegan y no sé hacer nada.
No dijo nada más ese día. Pero a la semana siguiente me inscribió. Fue lo único caro que me dejó tener en todos esos años, y recién mucho después entendí que a eso nunca me habría dicho que no.