Las Cadenas — Capítulo 9 — El Impulso

Tiroteo en el bar, botellas en la escalera y un impulso de manos al primer piso.

A Kim no le gusta contar historias. Así que Jack la cuenta con él.

JACK

Cuando subí, vi el desastre.

Ya no quedaba nadie de pie en el bar. La sangre pintaba el piso. Se veía hueso afuera en más de un tipo.

Pero no fue la masacre lo que me preocupó.

Fue Kim.


Kim estaba distinto.

Ya lo había visto serio. Pero esto era otra cosa. Serio, serio.

Había soltado algunas cadenas.

KIM

Él le dice así. Yo no le digo de ninguna forma.

JACK

Le digo así porque es lo que es. El Kim normal piensa en las consecuencias. Ese de ahí no le importaba nada. Los pocos despiertos en el piso tenían algún miembro de fuera. No tuvo piedad de nadie.

Iba a decir algo. No me dio tiempo.

Kim solo me miró y dijo:

— Jack.

Solo eso. Y salté detrás de la barra del bar sin pensarlo.


Kim se tiró detrás de una mesa de hierro.

Y la lluvia de balas empezó desde arriba, para todos lados.

No había mucho que hacer. Yo estaba detrás de una barra. No es que no me lo estuviera tomando en serio. Pero ahí había alcohol.

Agarré una botella del piso y le di un trago. Para despertarme de verdad.

El aguardiente bajó quemando.

No podía levantar la cabeza. No sabía cómo estaba Kim.

KIM

Me quedé detrás de la mesa unos segundos. Me di cuenta de que no iba a aguantar tanta bala. Salí y encontré una protección mejor.

Y esperé.

Un grupo así suele tener uno o dos tipos de arma, como mucho. Viste la primera, todos tienen igual, salvo uno que otro. Cargador de quince, veinte tiros.

Con tanto tiro junto, es difícil contar. Pero no hace falta. Esa gente no está entrenada. Disparan hasta que se acaba el cargador.

Cuando empieza el clic-clic, es nuestro turno.


JACK

Oí el clic. Me levanté de la barra y grité:

— ¡Kim!

Y empecé a lanzarle botellas.

Kim agarraba cada una en el aire y la reventaba contra el primer piso. Pum. Pum. Las botellas estallaban en la pared, y el vidrio volaba encima de los tipos que estaban recargando.

Se oían los gritos. Se oían armas cayendo al piso.

Ahí Kim empezó a tirar botellas a la escalera. Una tras otra.

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