La Banda de Kim y Jack — Capítulo 4 — El Osvaldo Equivocado
Cerca de casa había un lugar donde unos tipos tocaban — y un Osvaldo muy distinto al que ustedes conocen.
No tenemos una banda. Kim insiste en dejarlo claro.
Cerca de donde vivo había un lugar donde unos tipos tocaban.
Era un estudio. De un hombre llamado Osvaldo.
Al principio yo solo me quedaba afuera, en la ventana, mirando. Bandas entraban y salían todo el día, y yo trataba de copiar lo que veía. Tocaban eléctrica, no acústica, pero parecía lo mismo — las posiciones de dedo parecían iguales, así que las memorizaba y trataba de reproducirlas ahí mismo, con la guitarra vieja que andaba conmigo.
Osvaldo me echaba.
— Sal de ahí, mocoso maloliente. Estás molestando a las bandas con ese sonido de mierda.
Yo me iba y volvía al día siguiente. Y al otro. Sin piedad.
Hasta que un día llegué y no había ninguna banda. Estudio vacío.
Osvaldo me vio en la ventana de nuevo.
— Vaya, chico. Tú de nuevo. — Suspiró como si yo fuera una factura de luz. — Ven, maloliente. Anda, entra.
No suelo confiar en adultos. Pero ya había ido ahí tantas veces que casi me sentía de la casa.
— Toca algo con esa porquería. — Apuntó a mi guitarra.
Toqué.
— Uy. — Puso cara de dolor. — ¿Qué estás haciendo? Eso está muy desafinado.
Me arrancó la guitarra de la mano con odio, la afinó cuerda por cuerda refunfuñando, y me la devolvió.
— Ahora toca.
Toqué. Sonó un poco mejor. Todavía mal, pero menos.