Porque Así lo Eligió Jack — Capítulo 9 — Kim y Yo
La pregunta que aguantaron todo el cuento. Jack la responde antes de cerrar el telón.
Nadie preguntó nunca. Por eso nunca lo contó. Ahora lo cuenta — riendo, la única forma en que lo acepta.
Sé que hay una pregunta que no se calla. La aguantaron todo el cuento. Así que déjenme responderla antes de cerrar el telón.
¿Por qué Kim y yo?
Voy a ser honesto sobre el comienzo, y el comienzo no es lindo.
Cuando me choqué con Kim en esa esquina y nos agarramos, lo que vi no fue un amigo. Fue fuerza. Una fuerza física muy parecida a la mía, en un chico de la misma edad. Y una fuerza así es el tipo de cosa que es mucho mejor tener de tu lado que enfrente.
Así que, siendo bien honesto: el primer día, Kim no fue un amigo para mí. Fue un buen negocio.
Con el tiempo fui viendo el resto.
Kim es leal de una forma que ya casi no existe. Es resiliente — se cae, se levanta, se cae de nuevo, se levanta de nuevo, sin drama. Es fuerte de cabeza, no solo de brazo. Y — si le cuentan esto lo voy a negar aunque me estén moliendo a palos — es bastante fácil de convencer, cuando el que convence soy yo.
El negocio se fue volviendo otra cosa sin que yo lo autorizara. Se volvió amigo. Después mejor amigo. Después hermano. Hoy es eso: tenemos una hermandad, y no tiene cláusula de salida.
Pero hay algo en Kim que casi nadie ve. Algo fuerte. Poderoso.
Y no, no es la fuerza física — esa es estruendosa, y a esta altura ya puedo admitirlo, solo a ustedes, porque a Kim nunca se lo voy a admitir: con el empujón justo, en el estado justo, Kim es más fuerte que yo. Punto.
Lo que asusta es otra cosa. Hay algo furioso ahí adentro de él. Un animal salvaje dormido, y cuando se despierta — cuando Kim entra en ese estado — da miedo. Da miedo hasta a mí, y yo no me asusto fácil. Lo vi por primera vez cuando todavía éramos muy chicos, mucho antes de cualquier cosa que ustedes conocen. Hay algo ahí adentro de ese tipo.